ASTOR, EL GATO

Por Mario Paoletti  
 
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Como todo auténtico revolucionario
era insobornable.
(Sabía que el valiente muere en la esquina
y el cobarde en la mitad de cuadra).
Le destapó los oídos a cuatro generaciones.
Los puristas querían descuartizarlo
y él con su cara de gato les respondía
poniendo cada vez más notas en el pentagrama.
(¿No les gusta el caldo? ¡Pues tres tazas!).
Hasta hubo quien lo llamó traidor al tango
olvidando que era el único músico del mundo
al que Gardel le había preparado el desayuno.
Sabía, como Gramsci, que lo nuevo tarda en nacer
y lo viejo tarda en morir.
Decía que tocaba el bandoneón de pie
porque no quería parecer un lustrabotas
pero era sólo otro modo de broncar a los giles.
Fue Troilo quien le puso « gato »
porque iba y venía, iba y venía, iba y venía.
Con el tiempo
la ciudad acabó acostumbrándose a sus ruiditos
y ahora todo Buenos Aires suena a Piazzolla.
A su manera, fue un foquista.
       

Mario Paoletti

JACOBO FIJMAN: LA VENGANZA DE LOS DÉBILES

Por Osvaldo Picardo

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“Cuando el mundo estaba por hacerse, brillaba ya, extrañamente, en los ojos de Jacobo Fijman. Pero el mundo crecía en Uriff, su aldea natal, en Besarabia. Crecía con violencia, lleno de fraude, de persecusiones antisemitas y de fuego. Era un infierno. Y huyendo de ese infierno la familia de Fijman llegó a la Argentina cuando aquél tenía 4 años….” Este texto de Juan Jacobo Bajarlía, en un conocido libro, condensa la biografía o el inútil intento por atrapar el misterio de un azar, en que la poesía interviene como una maldición, en medio del tumulto y el vértigo del mundo social. Ahí, ese poeta es un ser extraño, el otro, el disímil, el que espera con los ojos inmóviles frente a una panadería o el que ejecuta la música de un violín inexistente. Fijman encarnó en la Argentina de las vanguardias de los años 20 y hasta en la de las revoluciones sociales y políticas de los 60, a esa figura extraña del débil. También la del loco al que Michel Foucault, en su Historia de la Locura en la época clásica, auspiciaba, bellamente, el día “en que no se sepa ya bien lo que ha podido ser la locura”.
 Fijman nació hace más de 100 años, exactamente el 25 de enero de 1898, en la Besarabia Rusa (hoy Rumania). Y fue Leopoldo Marechal quien lo introdujo al célebre grupo Martín Fierro (compuesto por Borges, Girondo, Xul Solar, Güiraldes … y quien lo llevaría literariamente a la dimensión de “los héroes metafísicos”, tras la máscara de uno de los personajes más queribles del Adán Buenosayres: Samuel Tesler.
 No faltan los testimonios acerca de la personalidad de Fijman. Ni por supuesto, las anécdotas apócrifas cuyas verosimilitudes sólo pueden entenderse si no se desconoce el halo mítico, bajo el que, durante toda una vida, se abandonó al hombre de carne y hueso, sentado a la espera de la visita de sus amigos, en el Borda. Sin embargo, hay dos cosas que deberíamos resaltar: su poesía y la actitud con que fue definiendo la práctica artística. De sus libros, absolutamente agotados, como Molino Rojo (1926), Hecho de Estampas (1929) y La Estrella de la Mañana (1931) habría que estudiar la íntima relación de la palabra y la mística, del silencio y la imagen, de “la cáscara de la noche” y el hombre. Aunque siempre es mejor leerlo:

         “Leña húmeda de los crepúsculos eternos.
         El dolor es un agua que no se pierde,
         pero nosotros nos hemos perdido
         como un gran tonel
         de contratiempos sordos, fijos, duros.

        Rincones que se enfrían
        como un cadáver, en la estancia.
        Aurora
       en que escupe la rabia más absurda”

                                      (Ahora vivo detrás de mí mismo,
                                                                     de Molino Rojo)

 En cuanto a la práctica artística, Fijman, al igual que Tristán Tzara, René Char o André Breton, sabe que la poesía además de ser un producto escrito, construido a partir de la sucesión de imágenes y sonidos, es también una debilidad cuya esencia y deseo se torna una manera de vivir.
 Ruskin decía un lugar común de 1870, cuando afirmaba que “no podemos ponernos a pintar o a cantar hasta convertirnos en hombres de bien”. Ese lugar común, por suerte o por desgracia, desapareció con la muerte del autor de las teorías críticas de la posmodernidad. Surgía, así y no por causa de aquéllo, lo que uno de los malditos del siglo xx, Louis Ferdinand Céline, supo afirmar en su novela Viaje al fin de la Noche: “para que te crean razonable, nada mejor que tener la cara bien dura. Cuando sos un caradura ya basta, casi todo te está permitido, absolutamente todo; tienes la mayoría a tu favor, y la mayoría es la que decreta quién está loco y quién no lo está”. Céline entendía que el verdadero rostro del realismo estaba detrás de la locura y en ese estado, las palabras son como los gritos en un salón de voces bajas: se escapan inexorablemente y se vuelven actos, confesiones de debilidad. De ahí que la palabra sea la venganza de los débiles.
 Fijman estaba entre ellos, entre los débiles, cuando Borges y los martinfierristas desmontaban las estéticas lugonianas y los de Boedo exigían un compromiso con la ilusión de lo social.

KOONS vs VERSAILLES

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A 2 millones de euros la muestra, es mejor contar con la masa.
No sabemos cuanta gente la visita por día, pero no es difícil imaginar una buena rentabilidad.
Jeff Koons se apropia del Château de Versailles y nos permite ver una mezcla de consumismo artístico-arquitectónico-cultural que, seamos honestos, está logrado.
No hay nuevas cosas de su trabajo, solo resabios históricos que se confunden agradablemente con los resabios históricos del lugar, sin provocación ni vocación, enfin… una muestra para los turistas masivos que terminamos siendo todos. Lo que tal vez explica que dejen fotografiar.

Una de las obras que presentamos aquí, no estaba firmada, ¿pueden decirnos cuál es ?

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EL BIFE DE CHORIZO

Fragmento de « Elisa (o los nervios) » de Mario Paoletti,
publicado en el libro Quince Monedas (Toledo, 1992).

Algunos extranjeros suelen criticar a la cocina argentina. Al ratito de tocar el tema ya están refregando por la cara las setas a la bordelesa, los calamares en crema de almendras y otros rebusques de náufrago, comidas que tenés que empezar a prepararlas junto con el desayuno y que exigen salsas espesas y olorosas que oculten su origen inconfesable.

Yo los dejo hablar y después, como quien tira una piedra en un charco lleno de ranas, dejo caer les tres palabras de oro: bife de chorizo. La mayoría cesa allí mismo toda resistencia y algunos, muy pocos, se atreven a corcovear todavía un ratito; pero todos terminan posternándose ante su majestad.

Porque -seamos sinceros- el bife de chorizo no es una comida: es LA comida. ¿Qué otra cosa (animal, vegetal o mineral) se puede comer día tras día sin cansancio ni hartazgo, asistiendo cada vez al milagro renovado de su resurrección? Sobre el bife de chorizo se podría construir una Religión. Y una estética, naturalmente, porque en el bife de chorizo, la Gastronomía hace esquina con las Bellas Artes. Es como comerse un Rembrandt. No sé si me explico.

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i-CRISIS

El temblor ya ha ganado todos los rincones de los bancos…

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Nuestro amigo Adolfo Ruiz nos ha escrito su punto de vista para que tratemos de comprender lo que viene…
¿Lo logrará? Le agradecemos desde ya su esfuerzo pedagógico.

Como creo que sigue esta hecatombe

Por Adolfo L. Ruiz*

Sobre las causas, ya está todo dicho, aún por quienes hablaban con mucho énfasis de soft landing o de “desacople”. Nuestro único mérito es haber anticipado este tsunami 10 meses antes y haber destacado varios alertas durante los 3 últimos años. No se trató de un acierto astrológico ni de una conclusión científica, sino basada empíricamente. Ante todo, por la enseñanza de ese primer curso de economía política que es la Biblia, el que nos habló de los bovinos 7 años pro y 7 años con. Y, por otro lado, porque muchos –no todos- sabemos que cuando una persona, una familia, un club, una empresa o un país, gasta más de lo que ingresa, su economía termina colapsando. Y decimos “lo que ingresa” y no “lo que produce”, pues se puede seguir viviendo de prestado, al menos hasta que los acreedores desconfíen de nuestra solvencia y nos digan basta. Los EE.UU. vienen consumiendo extravagantemente desde hace 8 años, cuando había superávit presupuestario que en seguida se evaporó.

Sobre las consecuencias, no es fácil opinar. Todavía “no bajó la polvareda”, que impide ver con nitidez y no nos deja calcular los daños directos. Ni hablar de los indirectos (Alvin Toffler dice que su mujer, que es experta en finanzas, le dijo: “esto no es todo, vas a ver cuando colapsen las tarjetas de crédito”. La explosión parece haber concluido, pues el pánico es un efecto “manada” de ella. Lo que aún no ha tomado fuerza es el tsunami, que no llegará a todas las costas con igual fuerza, ni afectará con igual intensidad a todas las actividades que estén asentadas en ellas.

Aunque muchos conocedores de la economía suelen sostener: “Yo no hago pronósticos”, nosotros creemos que quienes estamos especializados en algo tenemos la obligación profesional de elaborar pronósticos o escenarios, con cierto grado significativo de probabilidad de ocurrencia. Cuando una disciplina no puede hacer estimaciones científicas sino tan sólo probabilísticas o empíricas, por supuesto, incrementa la posibilidad de errar. No obstante, cuando le preguntamos al médico como piensa que evolucionará la salud de un ser querido, no quisiéramos que nos conteste: “yo no hago pronósticos”. Queremos que nos de indicios. Por eso, transmitimos a continuación algunas apreciaciones que pueden ser útiles:

1. Esta crisis es diferente a la de 1929. En esa época las comunicaciones no eran instantáneas ni las decisiones producían efectos inmediatos. Al contrario que en la actualidad, hubo “corridas” con gente agolpada en los bancos y las bolsas. En aquella época, tampoco no existían como ahora 100 millones de norteamericanos (ni varios millones en el resto del mundo), propietarios de títulos de bolsa. Desde luego, no existían tantos cientos de miles depositantes codiciosos en los “Fondos de Inversión” ni la fenomenal liquidez de los “Fondos de Pensión”. Y, finalmente, la economía de bienes y financiera no estaba tan globalizada –es decir, “calzada” entre centenas de miles de compradores y vendedores- como lo estaba hasta hace un mes. Por lo tanto, pensamos que por ello, la crisis será más intensa que aquella. Pero, a su vez, creemos que ésta será menos prolongada –o sea, menos de un par de años- debido a la mayor experiencia obtenida como para calibrar las medidas correctivas.

2. La actual es una crisis que sufrirán principalmente las clases medias, que tenían alto y, muchas veces, sofisticado nivel de consumo. Normalmente, se trata de gente sin problemas de “fin de mes” y que sólo pueden sufrir cortos períodos transitorios de falta de liquidez. Son los integrantes del gigantesco grupo de consumo de productos y servicios “de lujo” y de moda. Continuo nutriente de los sectores turísticos, epicúreos, artísticos y de espectáculos, salud y estética, moda y tecnología del confort, esta vez le tocará a ellos y verán achicarse a la brecha que las separa de las clases medias bajas y pauperizadas. Claro, es obvio, que no por ello éstas subirán de categoría. Todo lo contrario, pues recibirán coletazos negativos y, en no pocos casos, deberán enfrentar la desocupación y la falta de rebusques o changas.

3. Precisamente, las clase medias son en casi todo el mundo desarrollado la fuente principal del aporte de impuestos –en Argentina algo menos, pues nuestro “progresismo” suele volatilizarse a la hora de los vencimientos impositivos-, y generará fuertes desequilibrios presupuestarios de los gobiernos, que se verán obligados a vender parte de sus reservas en dólares y en bonos del gobierno americano (que así los podrá rescatar a menor precio del que los emitió). O sea, esta situación también será distinta a la de 1946, cuando los EE.UU. se quedaron con “todas las bolitas” y tuvieron que repartir algunas para poder seguir jugando. Ahora, además, también se quedaron con el “hoyo”, por lo que creo que a pesar de tantas predicciones hay imperio por varias décadas más.

4. Cuando en una empresa caen las ventas, todos sus integrantes –los de arriba o los de abajo- se ponen muy pero muy nerviosos. Y lo mismo pensamos que ocurrirá a nivel planetario. Creemos que se avecina una gigantesca ola de proteccionismo y de nacionalismo, que achicará el comercio mundial y producirá múltiples conflictos sociales en casi todos lados, principalmente en Europa y en el sudeste asiático. Y el consecuente nerviosismo multinacional puede degenerar en guerras y terrorismo de alta gama. A veces por algún mal entendido, otras por desesperación. No todas las sociedades tendrán la posibilidad de -ni sabrán- achicarse en un 30%, un 40% o más. Por tanto, no creemos que vengan tiempos pacíficos ni, tampoco- que Latinoamérica esté exenta de ese tipo de conflictos.

5. Desde el punto de vista microeconómico, es decir, del lado de las empresas, poco es lo que podemos hacer para enfrentar el vendaval que ya está en el horizonte. Como en los terremotos, crucemos los dedos para que se caiga las casa del vecino y no la nuestra. Sin embargo, también nos puede tocar a nosotros o bien, podemos sufrir las consecuencias del desmoronamiento de la vivienda de ese vecino. A veces, aunque nuestro negocio no decaiga sufriremos escasez de materias primas o de financiación, otras estaremos ahogados por nuestros stocks o por nuestras deudas y habrá que “revolear” bienes a bajo precio, incrementando nuestro quebranto, quizás irreversible. La crisis será distinta para producciones lentas (vitivinícola) que para las de productos de consumo durable o semi durable, cuyas manufacturas pueden detenerse o racionarse; de la misma manera, tendrá distinta intensidad y duración para quienes manufacturen bienes de ciclo corto que las que requieran largo tiempo de maduración o rotación. Las empresas mejor colocadas serán las que estén sin deudas, sin stocks y con cierta liquidez. Para las de servicios, la reducción de su demanda –o la paralización de ella- las puede sacar de mercado si no achican sus costos de estructura. Pero, casi todas, verán como se corre dramáticamente su punto de equilibrio.
                                                                     Buenos Aires, 8/10/2008

*El blog del Estudio Adolfo Ruiz & Asociados: Perspectivas Microeconomicas

i-TITANIC

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Lamentablemente no estamos calificados para teorizar sobre la economía. Le hemos pedido a Adolfo Ruiz (hombre de talento economista y hombre sensible) que nos escriba un post (que aún no nos ha enviado) para que nosotros -y todos los vecinos del faubourg- comprendamos algo sobre lo que pasa en el mundo en estos tiempos de tormenta.

No es que no sepamos que si tenemos muchas deudas y pocos ingresos -o ninguno- la cosa se pone difícil y que lo más probable es que terminemos por sentarnos en el suelo con los últimos calzoncillos que nos quedaron en el cajón. Eso es tan sencillo de comprender, tan evidente, que todas las mañanas miles de millones de personas se despiertan con el único objetivo de que eso no les suceda, y van a trabajar.

Ahora bien, ¿qué es lo que no comprendemos? ¿Qué es lo que no nos entra en nuestra cabecita de soñadores en París, pero también en Praga, en Baires o en Pergamino o en donde sea?

Lo que no nos cuadra es: ¿cómo se llega a esta situación sin que se caigan cientos de torres más, con humo y polvaredas y muertos y todo lo peor del sufrimiento y la violencia humana? En el fondo creemos, sin ser terroristas ni violentos, ni siquiera pesimistas, que esto llegará de todas maneras, ¿pero cuándo?

Los bancos se caen, es verdad, pero pocas horas después, los mercados se recalientan nuevamente, hay un poco de sangre y los tiburones no han desaparecido. Hay restos apetitosos a precio de saldo. Y luego los mercados se vuelven a caer.

¿Alguien ha visto el iceberg? ¿Quién ha escuchado el ruido del acero contra el hielo? ¿Estamos todos en el mismo barco? ¿Cuántos puentes tiene?  ¿Hay un comandante a bordo?

Es casi gracioso decirlo así: la operación de salvataje consiste en « inyectar liquidez » en el mercado, enormes cantidades de liquidez, para evitar la crisis sistémica. El naufragio causado por un exceso de líquido en los compartimentos será evitado con más líquido. ¿Es una broma? O quizás es que Buster Keaton se apoderó de la FED.

Enfin, ya dijimos que no estamos calificados para teorizar sobre la economía…

Lo que nos sorprende (a menos que estemos completamente obstruídos) es que con tanto movimiento altermundialista, antimundialista, ecológico, anticapitalista, etc, etc… que tanto han vilipendiado el sistema, no escuchamos o leemos gran cosa a parte los commentarios de los analistas-visionarios que ven todo, pero después. La crisis nos ha cogido por sorpresa y casi que no lo podemos creer. Sentimos el temblor, pero los únicos que reaccionan son los bancos centrales y las autoridades financieras, es decir, los que han provocado en parte el terremoto.

Es verdad que casi no hay imágenes -las curvas de Wall Street, unas fotos de golden boys vestidos de Armani con unos cajones de cartón (qué pocas cosas tienen!) llendo a su casa. Hasta nos da un poco de pena. Pero no son -aún- las imágenes shockeantes de la muerte, del hambre o de la guerra.

Nos cuesta entender lo que está pasando. Si alguien tiene la justa, que lo diga por favor.

Mientras tanto -como en el dibujito de aqui arriba- como unos despreocupados adolescentes y gracias al perfecto confort de escucha de nuestro i-pod, pareciera que sólo atinamos a escuchar en formato mp3 el concierto ridículo y agonizante de una orquesta pomposa.

Después de ignorar el iceberg, ¿podremos ignorar el tsunami? Hum… Nos parece que la clave (no de la salida a éste problema pero la salida a algo nuevo) debe estar en nosotros, en cada uno de nosotros.

Refleccionemos, reaccionemos, elijamos, demos un saltito moral, no sigamos escuchando la orquesta del Titanic.

Ayer a la noche en nuestro suburbio parisino comenzaron a aparecer los primeros graffitis que hablan de la crisis. Algo es algo.

PS: Este post fué escrito entre el domingo 5 y el martes 7, durante ese lapso ciertos comentarios y reacciones han comenzado a aparecer, no todo está perdido…

ARNALDO CALVEYRA: Un lobizón en París

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Una charla con Arnaldo Calveyra. 
Por Abel Robino y Osvaldo Picardo

Arnaldo Calveyra nació en Entre Ríos, en 1929. Es Licenciado en Letras y vive en París desde 1961. Dedicado a la docencia, la traducción y la literatura (narrador, poeta, dramaturgo), ha publicado libros de poesía como “Cartas para que la alegría”, “Iguana, iguana”,  “El hombre del Luxemburgo”; también, el volumen de relatos “El origen de la luz” y varias obras de teatro (Cartas a Mozart). Su novela “La cama de Aurelia” (Tusquets, 1999), aborda la decisión de una joven pueblerina que un día decide no volver a levantarse de su cama.
Sus último libros conocidos por aquí fueron “El libro de las Mariposas” (Alción, Córdoba, 2001) y “Si la Argentina fuera una novela” (Simurg, Buenos Aires, 2001). La revista La Pecera publicó “Un cuento perfecto”, en su número 3 (marzo de 2002) y el presente reportaje en LA PECERA N°5 de Otoño de 2003. El sello Adriana Hidalgo acaba de publicar su Poesía reunida, nueve libros de poemas, que incluye uno inédito.
 

Un Lobizón en París

Habíamos quedado en un café, a las cuatro de la tarde. Llegamos con Abel, unos quince minutos después, tras haber sorteado una multitud en los pasillos del metro de París, unos que venían con sus obligados paquetes navideños, y otros muchos, que aún no terminaban de emigrar de sus calientes países. Arnaldo Calveyra ya estaba sentado, esperando, detrás de una terracita vidriada, mirando hacia la calle. En realidad, Arnaldo había llegado a esa mesa, una semana antes, para esperarnos… ¿Cómo había sucedido? Arnaldo Calveyra: ¿Querés que te diga algo, sobre la memoria y el olvido? El sábado pasé dos horas, aquí. Dos horas.
Abel Robino: No me digas que fué esperándonos a nosotros…
A.C.: Claro. Ese día, hace una semana exacta, me levanté temprano, y, como de costumbre, tomé mate… Luego, se hizo la hora y vine aquí. Me senté ahí, ahí, en esa parte. Por eso cambié ahora… por espíritu de simetría…  Pero más tarde, cuando llego a casa, miro la agenda y …hoy era hoy…
A. R: ¿Te das cuenta? Olvida las cosas… Es como su literatura… Arnaldo tiene otra medición del tiempo, no es sólo distracción. En el fondo, la anticipación a una cita,  también significa un elogio a quien se espera…
Osvaldo Picardo: ¿Qué acostumbrás a hacer en el día?
A.C.: Yo me gano la vida como traductor, aunque hay muy poco trabajo… o , tal vez,  yo no lo busco. … antes era un traductor… por ejemplo, podía traducir…un tratado económico, para las empresas de Peugeot … Texto literario, no,  porque eso exige otro trabajo. De pronto, al cabo de tres días todavía estoy buscando palabras para un poema que no es mío, entonces, no. Yo soy lento, necesito que el tiempo se abra delante de mí. Creo que soy una persona que puede vivir con nada, pero en el plano del tiempo, necesito mucho, mucho…
O. P. : He leído que te dedicaste a la docencia, en otro momento…
A.C.: Sí, pero muy poco… como profesor secundario, me di cuenta que no se podía hacer nada; tenía cuarenta horas, y los fines de semana eran para corregir los deberes de los alumnos. Tuve un infarto casi a los seis meses de venir. Y dejé… Ahora estoy trabajando en mi pieza y escribo mis cosas. Escribo y…bueno tengo dos hijos, que también hay que ponerle el cuerpo … ¿Vos tenés hijos?
O. P.: No, no tengo hijos.
A.C.: …dicen que se crían y luego andan solos… pero no, no es tan cierto… Hay que darles tiempo. Y no ansiedades, pero tiempo sí.
O. P.: ¿Tus dos hijos nacieron aquí?
A.C.: Los dos nacieron aquí y no se les pudo dar la nacionalidad Argentina. En ese momento estaba la dictadura en Argentina y habían cerrado la posibilidad de una doble nacionalidad a hijos de argentinos en el extranjero… O sea que hasta eso lo pensaron bien.
O.P.: ¿Cuál es el más viejo recuerdo de Entre Ríos, el más entrañable o distante, que puedas tener…?
A: Mi casa, en el campo… donde nací. Yo tengo recuerdos muy frescos, desde los tres años, digamos. Creo que aquello era un paraíso, ciertamente visto a través de un filtro de infancia…
O.P.: Una especie de paraíso fantasmal…
A.C.: Sí. Me parece… ver que la gente llegaba y se quedaba… había, de repente, treinta personas comiendo… Qué decirte… yo nunca más encontraría eso… Si comparo, perdí, perdí. Pero, claro, no sabía escribir poemas en ese momento. Después aprendí a escribir, a costa de la soledad…
O.P.: ¿Cómo recordás a tu provincia?
A.C.: Entre Ríos es verde, muy verde, … un verde como no hay otro … yo no he visto nunca más ese verde. Mi mujer me dice que soy un entrerriano entusiasta, pero lo que pasa es que no tengo otros cartabones de paisajes que me den tanto.
O.P.: ¿Y tu casa?
A.C.: Mi madre fue una maestra de la escuela, ahí en mi casa. Mi casa era una escuela. Estaba lejos de Gualeguay, a catorce leguas. Y a treinta leguas de Concepción del Uruguay, donde después hice mis estudios secundarios…
O.P.: ¿Cómo era tu familia?
A.C.: Eramos cinco mujeres y siete varones. Yo era el séptimo…Sí. El lobizón…Y debe ser así… debe haber algo de eso. Me he hecho como lobizón y debe de haber algo de eso en lo que escribo…
O.P.: ¿Qué significa ser un lobizón?
A.C.: No sé… Hay algo de sonambulismo en todo eso. Yo tenía un hermano sonámbulo, eso sí. Lo teníamos que ir a buscar de noche. Sin despertarlo. Buscarlo, tranquilo, e irlo llevando despacito. Apenas si se lo tocaba,  porque puede enloquecer a una persona. Y tenía la pretensión de irse en un tajamar que había. Era el peligro de que se ahogara.
O.P.: Qué cosa maravillosa, porque eso es una imagen …
A.C.: …te imaginás la cosas que podían pasar por su cabeza, y las otras personas, al lado, tratando de llevarlo a la cama, de devolverlo a su cama. No creo haber sido sonámbulo, pero lobizón sí. Tengo como una impresión, pero esas cosas no se pueden contar…
Abel Robino:  De la misma manera que contás que llevabas a tu hermano, sin tocarlo, así tratás al lector. Lo tocás apenas, lo llevás apenas…
A.C.: Yo me descubro un amanuense lejano de mí mismo. Pero me maravillo una vez más:  lo que la gente encuentra en lo que uno escribe, en lo que uno hace. Me parece que van tanto más lejos que uno. Si ellos escribieran las cosas que uno intenta escribir, no sé, todo sería genial…
A.R: ¿Quiénes estaban acá cuando vos viniste? ¿Estaba Julio Cortazar,…Saer?
A.C.: No, Saer no estaba, llegó un poquito después …
A.R. : Llegó por la época en que vino Julio Le Parc…
A.C. : No sé, no lo tengo muy claro …Recuerdo que a Julio Cortázar lo conocí, un día en que él vino a escuchar una de mis lecturas…leí con otra gente, estaba Eduardo Jonquier, que era gran amigo de él…También estaba Alejandra Pizarnik y qué también era amiga de Julio. Después naturalmente vino a saludarnos, y yo había leído de “Cartas para que la alegría” un texto que se llama Rayuela.. Él me dijo: “Sabés que yo estoy escribiendo un libro que se llama Rayuela” . El azar fue tal, que no nos dejó hasta su muerte. Fueron encuentros extraordinarios, por ejemplo, encontrarse por la calle, como pasa en su novela…
A.R: Cortazar empieza Rayuela en Pont des Arts y hay un personaje que viene caminando hacia acá, y ve la sombra violeta de la Tour Saint Jacques. El fantasma de Cortázar pasa siempre por acá. Ese es el lugar clave.
A.C.: Pero, por supuesto…
A.R.: Y ¿Pizarnik?…
A.C.: La conocí mucho, sí. Ella andaba con escritores franceses, le gustaba la vida literaria. No era mi caso…
A.R: Tu actitud entre  los años cincuenta y sesenta me hace acordar a la que tuvo mucha gente después, cuando vinimos nosotros, exiliados en los setenta. Es decir, retirarte y esperar … Otros, en cambio, quieren conocer a los “famosos”, los buscan, los imitan…
O.P: ¿Crees que hay una constante o  dos maneras de tomar el exilio? ¿No tiene que ver con cómo vivirlo, según los temperamentos?
A.R: Es como en la cárcel…hay tipos que entran, diciéndose a sí mismos que van a hacerse más combatientes, y otros que, de entrada, reconocen que han sido derrotados.
O.P.: Después de años, ya con una vida hecha en otro país y en otro idioma, siguen  hablando en castellano… ¿Tiene algo que ver?
A.C: Sí. El castellano de Entre Ríos….Yo tengo un dejo…pero no he hecho nada por disimularlo. No hago ningún esfuerzo. Creo que hablo lo mejor posible, a la hora de comunicarme con la gente. Si vas a no sé dónde, a hablar con gente, tenés que hablar bien el francés … no tienen por qué entrar en tu currículum. No tienen por qué saber castellano para estar con vos…
O.P.: A la hora de escribir, ¿qué pasa?
A.C.: ¡Ah, el castellano! Otra cosa no me sale. No, no… otra cosa no me interesa para nada. Es más, el francés es una lengua –lo vas a leer en ese artículo sobre Laure que te he dado para La Pecera– que tiene el sujeto y después el verbo y después el predicado. Yo ya estoy mal aprendido, para mí el sujeto puede estar en otro lado…¿por qué me voy a empobrecer?
O.P.: ¿No hay ningún tipo de influencia a la hora de elegir palabras?
A.C.: Hasta ahora no… Pero puede…puede llegar ….Pero, hablo castellano en mi casa…
O.P.: ¿En cuanto a los poetas que dejaste “del lado de allá”? 
A.C.: Mastronardi, sí.
A.R.: Mastronardi tuvo una importancia muy honda en tus primeros pasos en la poesía…
A.C.: Lo hizo todo…Durante diez años, los fines de semana, los pasé en su casa; entre viernes y lunes, estuve en su casa. Él tuvo esa paciencia infinita…Era el hombre más bueno del mundo. Uno de los hombres más modestos, y también más sarcástico, socarrón…
O.P.: ¿Sarcástico consigo mismo?
A.C.: No…ni contra el mismo ni contra los demás. No sé de donde le salía ni a dónde le iba el sarcasmo. Era una cosa criolla…Profundamente criolla. Pienso que Macedonio Fernández habrá sido así. Él hablaba mucho de Macedonio Fernández. Ahora salen las cartas que me mandaba él a mí. Ya están en prensa.
A.R: ¿Vos escribías ya?
A.C.: Yo había escrito una novela.
A.R: ¿Y él te la corregía?
A.C.: No, la novela ya estaba publicada, cuando yo lo conocí. Tenía entonces, quince años
A.R: Cuando vos ibas con tus textos, ¿cuál era la forma…?
A.C.: Todavía tengo algunos textos que me los mandaba por carta. Me los mandaba corregidos, con colores… Pero sobre todo hablábamos.
O.P.: ¿Qué novela era?
A.C.: ¡Ah no! esa novela está perdida…para siempre
A.R: Osvaldo, yo tengo la inquietud de cómo lo corregía Mastronardi, porque Arnaldo, cuando vos hablás con él, siempre te dice que está ‘Limando asperezas’, ‘limando bordes’. Ahora, fijáte vos que ese cuidado en la corrección le viene con colores…
A.C.: Los colores marcaban diferencias… para no complicar, digamos que el juego que él hacía con lo que no encajaba. Mis primeras cosas eran lamentables… No entiendo todavía, cómo él no ponía cualquier excusa para eludir la reunión…
O.P.: ¿Quiénes más estaban en esas reuniones?
A.C.: Su mujer que era extraordinaria, con una formación filosófica profunda. Había estado presa en el gobierno de Getulio Vargas, y huyó de Brasil a la Argentina, donde se encontró con Mastronardi. Una mujer espléndida, espléndida en todo sentido; físicamente, una diosa, una diosa…
O.P.: ¿Qué leías en aquella época?
A.C.: Qué decirte…de todo, leía como un desaforado. Empecé a leer a Borges muy temprano, gracias a Mastronardi. Porque Borges a quien nadie lo conocía era muy amigo de Mastronardi…
O.P.: ¿Trataste de imitar a alguien, alguna vez?
A.C.: A los latinos, seguramente. Como estudiaba latín… por esa cosa que se te va metiendo, por proximidad. …No sé, yo no sé… Muchas veces me preguntan de dónde sale todo eso. Yo creo que sale de toda la literatura … Espero que bien manejada, es decir, como bien diluido …

ÁNFORAS, anatomía de un malentendido II

La nueva exposición de Abel Robino, « Ánforas, anatomía de un malentendido » se inauguró el pasado 17 de Septiembre 2008 en el Museo de la Cultura del Vino « Dinastía Vivanco » en Briones, La Rioja – España  (hasta el 9 de Noviembre)

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Entrevista con Abel Robino, realizada en Briones por Diego Pittaluga (3 partes)

Después del proyecto «Pandora» (2007), Abel Robino llega a una de las posibles conclusiones: que quizás la caja de Pandora ha sido un ánfora. Durante un año todos sus dibujos o sus tics manuales terminaron siempre con esa forma. Sensual y práctica, el ánfora era portadora de los líquidos más esenciales: el agua, la leche y los primeros elaborados, la cerveza, el aceite y por su puesto, el vino.
Esta fué la tarjeta de visita cuando el Museo de la Cultura del Vino lo invitó a exponer, respetando dos cláusulas temáticas: Una, que el evento tuviese relación con el vino y dos, que en parte se valorizase el museo.

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«Mi propuesta -dice Abel Robino- fué abandonar el lugar del artista ejecutante de piezas que se cuelgan, más como un cadáver que como un elemento vivo, y abordar la postura del comisario de exposición quien elige piezas y arma un evento cultural, provoca fricciones, enigmas y fastidio al espectador, todo pero nunca algo insensible y consensual».


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Así surgió la idea de juntar obras de corte artístico y otras en las márgenes de lo extraño, (imitando al museo, que incluye elementos técnicos como las herramientas y puramente artísticos, cuadros o esculturas), donde se reflejase el tema del ánfora en una colección temporaria no menos llamativa que urticante.
Lo real junto a lo imaginario, lo cierto con lo probable, lo misterioso con lo banal, lo pequeño con lo gigantesco.


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Un juego en el que ya el arte contemporáneo había entrado, construir una colección aparente, pero aquí la diferencia será el limite confuso entre exposición y gabinete de curiosidades.
Esta puesta en espacio entra dentro de la serie Robbery (pillaje), donde siempre el arte de corte clásico se mezcla al ocasional y donde siempre hay otros invitados y que en los últimos cinco años comulga con el principio de obra abierta. Bajo una fuerte idea conceptual, literaria, ficcional, Abel Robino no deja de admitir en su elección nuevas posibilidades de artes clásicas y de practicar una esquizofrenia trotadora, pues aún no llega a galopante.

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Esta «colexposición» irá incrementándose a medida que se realicen exposiciones itinerantes, por ejemplo en Argentina, funcionará en franco contrapunto con toda una generación de artistas de los años ’70 invitados especialmente. Así se podrá deambular entre momentos de puro cerebro, fríos y racionales como los bocetos de una diseñadora noruega y momentos de amplitud como la gran ánfora buscando lo infantil de cada espectador, corroborando ésto, invitándolo a escribir en el vidrio de la obra. También sensaciones de vértigo ante las miniaturas o las video-proyecciones gigantes en la sala de la barricas, de repulsión ante las pieles tatuadas, de ironía ante el ánfora inflable o de secreto ante la propuesta de una instalación erótica, así como de búsqueda, en el anonimato de los trabajos llamados « Sociedades Anónimas ».(fotos)
ÁNFORAS, ANATOMÍA DE UN MAL ENTENDIDO es un verdadero bombardeo de sensaciones.

« Ánforas » cierra el ciclo de las « opera aperta » como Lascaux Urbana y Pandora, así como 30.001 y Trampa para liebres, en preparación.

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Lo que dice la prensa:

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NEO-FILETES

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Arturo Chomyszyn le encontró una nueva veta al fileteado porteño.
Este joven artista argentino radicado en París desde hace años, es lo que se llama un « touche-à-tout » (Diseño gráfico, animación 3D, música, web, dibujo…).
Su trabajo con el filete (a la hora de Photoshop) lo ha llevado a crear unos carteles luminosos, que renuevan el género (aunque el dispositivo los sedentarize un poco) y le dan una nueva visibilidad y tal vez una nueva poética.  Continuer la lecture

EL BAR DE RAYMONDE


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En un pueblo de los Pirineos franceses (Ossen), a algunos kilómetros de Lourdes, nuestro amigo Alain Vicente nos invitó a visitar uno de esos lugares que nos transportan a la quinta dimensión. No creemos que se trate de una atracción turística recomendada en las guías, pero les aseguramos que no lamentamos haber recorrido tantos valles y montañas para llegar hasta allí.

El « bar de Raymonde » no tiene nombre (o lo desconocemos), ni toldo, ni mesitas en la terraza (ni terraza), ni carteles con publicidad para cerveza (menos aún para gaseosas), es más, el bar no tiene entrada por la calle y las ventanas que dan a ella tienen cortinas o postigos cerrados (pero ésto no es obligatorio).

A lo de Raymonde se llega por el patio de al lado y lo único que nos dice que se trata de un bar es la chapa que pone « LICENCE IV », que es la licencia para vender alcohol.
Para entrar hay que tocar el timbre.

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